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    Sostenibilidad, sustentabilidad. Y la moda, ¿Qué tiene que ver con todo esto?

    Sostenibilidad, sustentabilidad. Y la moda, ¿Qué tiene que ver con todo esto?

     

    ¿Cuánta agua bebe una persona en siete años? La misma cantidad que se necesita para confeccionar un par de jeans.

    ¿Cómo una remera puede costar en ocasiones lo mismo que un almuerzo en un restaurante? El costo que le “falta” a tu remera, alguien lo paga. Con trabajo precario o condiciones no dignas.

    Una buena reflexión a raíz de estas respuestas la encontramos en las palabras de Ernst Friedrich Schumacher: “Cualquier cosa que podamos destruir, pero no podemos construir es en cierto sentido sagrada”.

    Actualmente, y más aún luego del particular 2020 que pasamos, la sostenibilidad y la sustentabilidad son palabras a boca de jarro.

    Muchas veces no diferenciamos los términos, sin embargo, no quieren decir lo mismo. La sustentabilidad o el desarrollo sustentable nos habla sobre la preservación y protección de los recursos naturales. Por su parte, la sostenibilidad o el desarrollo sostenible, tal y como fue definido por Naciones Unidas en 1987 -en su informe “Nuestro futuro común”- como la satisfacción de “las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.

    Hoy por hoy necesitamos de procesos sostenibles. Claro, muchas veces podemos comenzar por lo sustentable, pero el proceso a la sostenibilidad es abarcativo y tridimensional.

    ¿Y qué tiene que ver la moda en todo esto? Mucho. La moda como expresión de la persona existe desde que la necesidad de vestirnos la pudimos cubrir. Desde casi siempre existieron lineamientos, incluso normas legales, que cumplir relacionadas con la vestimenta. En todas las esferas (trabajo, hogar, deportes, eventos sociales), estratos sociales, e incluso momentos de la vida de las personas (los niños pantalones cortos, la presentación en sociedad, se ha asociado con una etiqueta en particular (las damas de tal o cual color). Siglos atrás, romanos y griegos diferenciaban estado civil y estratos sociales a través de la vestimenta. ¿Y los egipcios? Hasta para los muertos existían, además de ritos, vestimentas. Es decir que por más que queramos evitarla, hacer que no nos importa, o verla como algo superfluo, la Moda es casi como el sol. Siempre está.

    A nivel global las industrias textil y de indumentaria son especialmente cuestionadas por la falta de un mayor compromiso con la sostenibilidad. Desde lo ambiental se conocen casos de vertederos de textiles, cargados de prendas, accesorios que tardan a lo menos unos 200 años en degradarse. Aguas contaminadas por los químicos que se utilizan para el teñido de fibras. Uso excesivo del agua (cabe mencionar los 7.500 litros para un par de jeans). No todo termina ahí, la pata económica es poco sostenible en varios aspectos, uno de ellos tiene que ver con la “moda rápida” -que se caracteriza por su rápida adopción e inmediato declive-. Un ejemplo son los productos que, al mes de comprarlo, el consumidor no quiere usarlo. Aun así, el consumidor quiere comprar más de lo mismo, siguiendo esa ultra rápida tendencia, en ocasiones, incurriendo en endeudamientos no deseados, por dar un ejemplo. En cuanto al eje social de la sostenibilidad, cabe señalar diversos aspectos, comenzando por la identidad de género (la corriente genderless surge como reacción a ésta carencia); la diversidad e inclusión -que muchas veces no se encuentran-; la necesidad de un mayor respeto y protección al patrimonio cultural de varias comunidades; y las condiciones de trabajo en diversos lugares (según, entre otros, la Organización Internacional del Trabajo).

    Actualmente, esto está cambiando. La industria de la moda ya no sesga la sostenibilidad, sino que, cada vez más, la abraza y anuncia. Cada vez son más las marcas y negocios de moda que realizan acciones concretas y dan a conocer sus avances en este sentido. Los consumidores tuvieron tiempo en el 2020 para investigar, informarse, y pensar un poco más sobre lo que consumen. De acuerdo con el estudio Tendencias Latam 2021, llevado a cabo por Publicis Groupe Latam, ocho de cada diez personas cambiaron hábitos de consumo durante el año pasado.

    Para concluir, la moda es para mí la forma de expresión cultural más bella y omnipresente. Tenemos el desafío de concientizar, educar, profesionalizar y aprender a disfrutarla y usarla como lo que es, arte y comunicación.

     

     

    Autora: Ana Carolina Albanese

    Responsable de la Diplomatura en Entorno Legal, Financiero y de Diseño para Negocios de Moda – Fashion Law de UADE