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La inteligencia, más allá de las personas

La inteligencia, más allá de las personas

 

Por Gaspar Taboada y Mauro Beltrami

Docentes UADE

 

Londres, Barcelona, Monterrey y Buenos Aires tienen algo en común (además de padecer los múltiples efectos de la pandemia de Covid-19): implementan estrategias de ciudades inteligentes (CI). Este término (Smart City en inglés) apareció por primera vez en la década del 50, con una acepción muy distinta a la de hoy en día. No fue sino hasta mediados de la primera década de nuestro siglo XXI que el concepto se resignifica, cobrando mayor relevancia para la gestión público-privada, perfilándose como uno de los elementos fundamentales garantes de la gobernabilidad y gobernanza. Estas ciudades montan su infraestructura sobre una base tecnológica de gestión de la información para encontrar soluciones innovadoras y eficientes a los problemas públicos para mejorar la calidad de vida de la ciudadanía.

Tal es el caso de ciudades como Estocolmo o Ámsterdam, también consideradas en este grupo, donde las tecnologías son utilizadas para gestionar el tráfico cambiando el sentido de circulación de las calles de manera digital; o para generar nóminas de usuarios de servicios básicos integradas, a fin de identificar áreas con problemas de abastecimiento eléctrico o sanitario en tiempo real. Por su parte, en Argentina, esta coyuntura comienza a verse con mayor frecuencia en "autopistas inteligentes", nuevos canales de comunicación entre los diferentes niveles de gobierno y la ciudadanía, y, más recientemente, con la salud en el monitoreo y seguimiento de la evolución de los casos Covid-19.

También, la gestión turística ha comenzado a incorporar a los sistemas de inteligencia turística a su agenda. Orientados a la mejora de la competitividad y a la satisfacción del turista, aparecen los llamados "Destinos Turísticos Inteligentes" (DTI). Los nuevos enfoques en la gestión de la información se ven orientados a la incorporación de tecnologías para la identificación, recolección, sistematización y exposición de indicadores que faciliten el diseño e implementación de estrategias para lograr un turismo sostenible, inclusivo y de calidad en los destinos turísticos del país. En otras palabras, resultan metodologías que contribuyen al cumplimiento de los diversos fines que le son impuestos a los municipios por los marcos constitucionales de cada provincia y las leyes orgánicas de municipalidades.

Hace menos de un mes, se lanzó la Red Argentina de Destinos Turísticos Inteligentes (Red DTI-Ar). A su inauguración asistieron especialistas de 20 países, más de 200 ciudades argentinas y un total de 800 inscriptos (originalmente programada en un hotel de la provincia de Buenos Aires, la cuarentena posibilitó una amplia convocatoria federal e internacional, quizá uno de los pocos beneficios que permitió el encierro junto con el uso de las tecnologías). La Red DTI-Ar se posiciona como una iniciativa nacional alineada con las experiencias realizadas en Europa y particularmente en España.

Sin embargo, la adopción de metodologías de forma mecánica, desconectada y descontextualizada en los municipios argentinos podría acabar generando frustración en los funcionarios y agentes públicos, escepticismo en los actores privados y críticas de diferentes sectores y movimientos sociales. De este modo, la adopción de modelos de inteligencia turística puede resultar una moda pasajera y costosa sin contribución al desarrollo endógeno, que acabe intensificando las relaciones asimétricas y dependientes con las potencias globales y los organismos multilaterales. Con los cuidados necesarios, un proyecto asociado al desarrollo humano sostenible, transversal a todas las áreas involucradas en la actividad, con la participación público-privada, federal y con la ayuda de las nuevas tecnologías, difícilmente fracase.

En este contexto de incertidumbre, la inteligencia turística se presenta como una estrategia fundamental para la construcción de políticas turísticas municipales orientadas a la recuperación de la actividad bajo una dinámica autónoma, participativa y federal, asociada a las necesidades de la ciudadanía y e integradas en sistemas subnacionales y nacionales más amplios. Resulta, por lo tanto, fundamental la elaboración de criterios de referencia adaptados a la realidad nacional, generación de contenidos teóricos propios en base a los recursos humanos a fin de construir (inteligentemente) una nueva normalidad.

 

* Esta nota fue publicada el 22 de junio de 2020 en Ámbito. Leela aquí.