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“Nueva abogacía” o lo esencial se volvió notorio

“Nueva abogacía” o lo esencial se volvió notorio

 

Autor: Carlos Laman, docente UADE

Colaboradores: Ricardo Lucarelli Moffo, Director del Departamento de Abogacía de UADE y 

Patricio Cetrangolo, Director de la carrera de Abogacía en UADE.

 

En este contexto de aislamiento obligatorio decretado en nuestro país aceleró el proceso de transformación digital en el Poder Judicial, sumado a las nuevas habilidades que se les exige a los abogados, como la mayor atención al management, a las políticas de diversidad y equidad de género, que son tendencias que comienzan a verse con mayor intensidad en la profesión legal.

Nos enfrentamos a este nuevo paradigma que pone en relieve la necesidad de ser creativos, hábiles y de tener la capacidad para anticiparse a los conflictos a través de la convergencia entre el ejercicio tradicional de la profesión y el uso de la tecnología.

¿Cuándo recurrir a un abogado? La concepción tradicional entiende al profesional como aquella persona que hace su aparición en escena una vez que el conflicto surgió y se consumó. Esta tarea trae aparejada como consecuencia un trabajo destinado a aislar el origen del problema y a la búsqueda de su solución.

Con el paso del tiempo, nos percatamos que había conflictos que podían ser evitados y otros, si bien resultaban ser inevitables, se podía lograr morigerar los resultados lesivos del mismo. De ello surge una de las habilidades centrales que tienen los abogados hoy en día, que es su capacidad para analizar situaciones, diseñar estrategias y prevenir los resultados que podrían suceder.

Hay una frase muy utilizada que es "primero en el tiempo, mejor en el derecho". Resulta obvia su comprensión, no obstante, tal obviedad no la vuelve irrelevante, sino que una de sus interpretaciones nos permite presuponer que a mayor antelación y anticipación, mejor probabilidad de obtener el resultado esperado. Saber lo que pueda llegar a pasar, permite anticiparnos al conflicto sin incurrir en mayores costos que los destinados a la preservación y protección de aquello que sea objeto de nuestro servicio.

Sin embargo, no todo se puede predecir o prevenir, como lo sucedido con el COVID-19 que trajo consecuencias de diferentes índoles. Una de ellas fue el aislamiento social, preventivo y obligatorio que implicó la suspensión de muchas actividades, como la actividad judicial. Esta extraña situación, ajena a todo lo conocido, nos hizo replantearnos sobre cómo afrontar una crisis de esta índole desde nuestro trabajo. La falta de movilidad y el uso de nuevas herramientas hizo que tuviéramos que afrontar nuevos problemas, impensados anteriormente.

No todo fue oscuridad en ese momento. La suspensión de la actividad de los juzgados se vio en muchos casos como una oportunidad de redirigir nuestros esfuerzos. Algunos de nosotros utilizamos este tiempo como un ejercicio de introspección que nos permita volver a la génesis del derecho, a entender aquello que aprendimos y conocimos en materias como Teoría General del Derecho. Entonces empezamos a cuestionar los dogmas de la profesión, basándonos en teorías que por cuestiones de insuficiencia de tiempo nunca fueron exploradas y mucho menos explotadas. Nuestro espíritu crítico nace y resurge todo el tiempo, pero en esta época se vuelve fundamental a fin de que, como en una partida de ajedrez, sepamos que movimiento hacer o que estrategia tomar.

El reto de los abogados es doble: por un lado, como servicio esencial, deben atender a sus clientes pese a tener sus oficinas cerradas al público, muchos de los juicios y vistas suspendidos y un incremento sustancial de demandas, sobre todo en casos laborales y concursales. Y por otro, deben estar al día de los decretos, nuevas reglamentaciones, y dar respuesta en diferentes áreas de práctica y conocimientos.

Ser creativos es un tema que está en boga hoy en día, pero en qué sentido. Somos asesores, ese es el servicio que presta el abogado, tal como un médico tiene la capacidad de analizar tu estado de salud e indicarte los tratamientos que considere adecuados en base al diagnóstico que haga; el abogado es un analista de tu “salud legal”. A mayor tiempo disponible, mejor será el análisis que se podrá hacer.

La tecnología, pasó de ser vista como el reemplazo de la profesión a convertirse en su mayor aliado. Encuentros virtuales, token, expediente electrónico, notificaciones electrónicas, tramitación de expediente de manera remota, mediaciones a distancia; son algunos de los conceptos que adquirieron una mayor relevancia en el día de hoy a comparación de otras épocas (algunos ni se pensaban que pudieran existir, al menos en el corto plazo).

En mayor medida y más aún en tiempos de inactividad (ferias judiciales) experimentamos un auge de la abogacía preventiva, una práctica habitual entre nuestros colegas de hoy en día. Similar a un análisis F.O.D.A (fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas) el abogado buscará determinar cuáles son los riesgos y oportunidades del caso de su cliente y en base a tal análisis establecer la estrategia más adecuada que garantice la protección de los intereses que se encuentran a su resguardo.

Entonces ¿qué hace un abogado día a día en medio de una crisis?, ¿qué es lo cotidiano? Sería más sencillo decir que es lo que NO hace, pero podemos hablar de tres áreas diferenciadas.

Asesora y defiende, desde su computadora, aquellos asuntos que sean de su expertise. Es difícil encontrar un área que no esté alcanzada por el derecho. Hoy en día y más allá de la existencia de la cuarentena, el mundo sigue girando y en la medida que ello suceda los problemas seguirán apareciendo. Tener capacidad reflexiva y de análisis permitirá al buen abogado lograr estructurar una defensa eficaz y eficiente de los intereses de sus clientes.

"Es de gran importancia la formación de abogados digitales, que puedan adaptarse a esta nueva era digital” para ello hay que capacitarse. Debido a la disminución de la actividad judicial producto del ASPO, aquel tiempo que era destinado para hacer las filas en los juzgados, puede ser utilizado para realizar otro tipo de actividades que muy probablemente tengan como finalidad mejorar su trabajo como profesional. Conocer que el esfuerzo de hoy en día será premiado con el éxito de mañana, es uno de los baluartes de esta apasionante profesión. A modo de ejemplo, Usain Bolt, no hizo los 100 metros llanos en 9.58 segundos, la primera vez que corrió. Para llegar a donde está, se vio envuelto en la necesidad de ir practicando y ejercitándose día a día; equivocarse, aprender del error y volver al “juego”. No hay más secretos que aquello que es lo obvio, pero no por ser obvio debe perder relevancia al momento de aplicarlo.

Somos abogados, y sí, las crisis también son oportunidades. La actual nos ayuda a repensarnos profesionalmente o mejor aún, a que podamos descubrir qué nos vuelve esenciales. De por sí, ¿qué actividad de hoy no necesitaría a un profesional de la ley?

 


 

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