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Todos a boxes. Management en época de pandemia

Todos a boxes. Management en época de pandemia

 

Guillermo Occhipinti

Docente UADE Business School

 

Estábamos corriendo la carrera del siglo XXI en el autódromo Tierra, algunos peleando en puestos de vanguardia, otros buscando la vuelta más rápida para acercarse al pelotón de adelante, algunos tratando de cumplir un papel digno para que sus sponsors no le saquen el financiamiento, otros ya estaban en boxes tratando de arreglar desperfectos, varios corrían pero tenían la mente en otra cosa, como los famosos “conductores domingueros”, equipos de competición que armaban datos extraños y le decían al conductor que eran los mejores a pesar de que no lo eran, otros pilotos convencían a sus patrocinadores que faltaba mucho pero que iban bien, algunos se comparaban con los peores y se daban autoconfianza, etc.  Y de pronto, en nuestra cabina de mando, recibimos una señal del dueño del autódromo, el promotor de la carrera: “Urgente, volver inmediatamente a boxes, es una orden”. Los pilotos más ególatras y egocéntricos pensaron en un primer instante, “yo soy la estrella, sigo girando”. Otros más estructurados y disciplinados cumplieron la orden, los domingueros acomodaron el codo sobre el lado izquierdo e hicieron caso, los más distraídos se colgaron y no escucharon la consigna, se les tuvo que repetir. Al cabo de pocos minutos la pista del autódromo Tierra, quedó vacía.

René, a cargo de la conducción de uno de los autos, empezó a interactuar con su equipo: “¿Y ahora? ¿Qué pasó?”. Allí escucho los primeros rumores, “parece que el chino estuvo dando vueltas con el carter roto y desparramó aceite en la pista, no dijo nada y se convirtió en peligro inminente para el resto”. “¡No estigmatices! ¡No le digas chino, llamalo por su apellido!” Respondió René, en forma enojada. También escuchó otras teorías, parece que el equipo del chino fue boicoteado por el team norteamericano. “¿Vos también? No estigmatices, ni chino ni yanquis, si quieren, hablen de los equipos que representan”.

En fin, René padecía una sensación de confusión y mareo, pero hay algo que le daba tranquilidad, el resto estaba en la misma situación, esperando la señal verde. René en primera instancia consumió tiempo pensando e indagando en ¿de quién fue el problema? Como vimos, no le sumó nada. Acto seguido reunió a su equipo de ingeniería y les dijo: ya que están sin trabajo, seamos proactivos, quiero una revisión integral de mi rodado, pero pongan especial énfasis en la caja. El equipo de ingeniería apuntaba, revisar motor, en especial la caja.

El equipo finalizó su tarea y le expresaron a René: “¡Listo, chequeo terminado, tenemos motor para dar las vueltas programadas, lo mismo que la caja, pero cuidala, vos sabes que es sensible!”

René siguió pensando, la estrategia para cuando salgamos a pista ya la pensamos. ¿Qué más puedo hacer? Mientras cavilaba, recibió por intercomunicador alarmantes novedades: “Escuchame, parece que viene para largo. No podes salir de tu cabina, el equipo tiene que respetar un protocolo que marca el dueño de la carrera: nadie puede moverse del puesto en el que está. Y ya que estamos, mandamos los estudios a nuestro especialista en motores y parece que no tenemos caja para rato si esto se sigue demorando…”

René perdió un poco la paciencia a pesar de su carácter zen, el tema lo estaba sensibilizando negativamente. Luego, reflexionó, en esta instancia deberé cuidar la caja, pero me imagino que al resto le pasará lo mismo, para tener en cuenta para cuando nos den luz verde.

Para aprovechar el tiempo, llamó a la gente que lidera el equipo para pensar en forma conjunta la siguiente pregunta: ¿el equipo está bien conformado para salir a la pista nuevamente? ¿podemos debatir esta pregunta por el intercomunicador ya que no nos podemos mover? La primera en hablar fue la Doctora Marta, integrante clave del equipo, la salud no puede estar librada al azar en un equipo de alta competencia. Expresó: “se los digo desde la medicina, por ejemplo, en una pandemia (espero que no haya ninguna, por Dios) los epidemiológicos recurren al modelo SIR”. Los susceptibles: es decir las personas que podrían infectarse; los infectados: aquellos que hayan sido alguna vez infectados (algunos lo están, pero son portadores pasivos o asintomáticos) y los sanados o recuperados: aquellos que se infectaron, superaron la enfermedad y ahora ya no transmiten el virus.

“¿Y los sanos?”: preguntó René.

Los sanos están dentro de los susceptibles (podrían llegar a contagiarse) o de las personas recuperadas. Pero sirve para la pregunta ¿es nuestro equipo competitivo? En primer lugar, debemos aislar a los infectados y recurro nuevamente a la medicina, R0, es decir el número de personas que en promedio infecta a la vez. Si el R0 es menor que uno, la propagación se detiene por sí sola. Serían los que forman parte de este equipo físicamente pero no con su intelecto, estos en principio no contaminan, no tienen fuerza para contagiar. Si es mayor que uno puede ocurrir un crecimiento exponencial y es el comienzo de cualquier epidemia. Cada vez más personas y más rápido se propaga el virus. La velocidad depende del tamaño del R0, y el otro tema es el tiempo que transcurre entre el momento en que una persona se infecta y el momento en que esa persona infecta a otra, por ejemplo 7 días es catastrófico. 

En eso saltó Carolina, la líder de cómputos: “o sea que si en el equipo tenemos gente infectada, o sea gente desganada o desmotivada que tira para atrás y contagia al resto, es catastrófico”.

“Coincido”: dijo Jorge, Jefe de Ingenieros encargado de la puesta a punto. “Encima hay personas que son portadoras pasivas del virus y ni se dan cuenta, ¡pero contagian! ¿Qué se puede hacer desde la medicina?”, continuó.

Reducir el valor del R0, por ejemplo, una cuarentena, es decir mandar a todos a la casa.  Respondió rápida de reflejos, la Doctora.

Mas o menos como nosotros ahora, el protocolo no nos permite movernos, acotó Rene.

Así es, genera gran dolor y sacrificio, pero se ralentiza el contagio, finalizó la Doctora.

A ver si te entendí, dice Ignacio, Jefe de Ingeniería de Servicios, vos lo que estás diciendo es que en un equipo no podemos darnos el lujo de tener infectados y si los tenemos, tendrían que estar aislados para que no contagien. Entonces tomemos acciones inmediatamente y despidamos a los infectados.

“Pará la mano, no tan rápido”: se metió María Eugenia, Jefe de Personas del equipo. “Lo que expresa Marta desde la ciencia médica es que debemos tener muy presente a los infectados, porque infectan y son muy peligrosos, pero se pueden recuperar, dejénme preparar un plan para ver si podemos rescatar a la mayor cantidad de gente”.

Ok, María Eugenia, eso sí, los infectados no pueden estar en los puestos clave porque están jugando con mi vida, soy yo el que salgo a la pista y me arriesgo. Un desganado, que está distraído, un zombie laboral, digámoslo con todas las letras, no puede estar ocupando un puesto de mucha relevancia…” dijo René.

Te entiendo René”, acota María Eugenia y continúa:

“pero tampoco vamos a hacer destrozos. Admito que tener desganados en puestos donde tienen que marcar diferencias es crítico, pero la idea es armar un plan. En principio sugiero: hablar con el infectado para ver si quiere recuperarse, es decir le damos un poco de oxígeno, pero mientras tanto, lo mantenemos en sala la terapia intensiva. Luego de hablarle y ver que responde tengo tres propuestas:

La primera: Lo entrenamos bien para que cumpla con su tarea crítica (si es un problema de capacidad), lo escuchamos y le damos un poco más de oxígeno si es un tema psíquico o de estado de ánimo.

La segunda: Lo podemos rotar, tomemos el caso de Juan, no podía trabajar con Jorge pero con Carolina anduvo bárbaro.

La tercera: Le podemos rediseñar las tareas para que haga lo que verdaderamente le interesa y está capacitado. Eso sí, sin causar problemas al resto.

Y sí, si no se quiere recuperar, me parece que la salida es lo más lógico”

“Ya que estamos en un autódromo, ¿tantas vueltas tenemos que dar?”: acotó Nacho.

“Parafraseando a Marta, la idea es recuperar vidas, Nacho. Esa es la misión de mi puesto, sin perder el objetivo, claro. René somos todos. Pero ocupémonos de esto ya. Si salimos al ruedo con problemas de equipo no vamos a ganar, por más que tengamos la mejor estrategia. Y por otra parte le pido sinceridad a los líderes, digan si tienen infectados, no los escondan, no sé, testeen permanentemente, porque como dice Marta, los que se perjudican son uds. A veces siento que tienen rejas emocionales y al esconder enfermos, cavan su propia tumba” reflexiona María Eugenia, Jefa de Personas.

Eso, no nos tapemos la boca como si tuviésemos barbijos, mostremos nuestras vulnerabilidades, un objetivo se logra con un equipo sólido”, acotó Jorge.

“Parece que lo entendieron, la idea es reducir el valor de contagio, si estamos alertas y llevamos la tasa debajo de 1, se asfixia la epidemia. Las personas ya no. La idea es frenar la curva de contagio” aclara María Eugenia.

“René, ¿me escuchás? hablando de curvas, parece que hay la gran mancha de aceite cayó sobre la curva del murciélago. La están limpiando, dicen que de un momento a otro salimos”, escucha René a través del intercomunicador que tiene en el casco.

Gracias, estoy en mi puesto, no sé, perdí la sensación del tiempo, parece que ya hace más de un mes que estoy encerrado en este habitáculo, no veo la hora de que me den luz verde para salir a pista” dice finalmente René.

Bien, espero que se haya entendido el mensaje sobre la performance de un equipo de trabajo. Aprovechen el tiempo, no se dejen contagiar por los quejosos, cuiden la caja, armen un plan para rescatar gente, conversen y no se encierren, generen colaboración multidisciplinaria e interfuncional, empoderen, cambien de paradigma de jerarquías a equipo de trabajo, hablando en forma transparente y sin miedo, aunque haya descenso, premien por equipo, generen logros con métricas medibles.